dijous, 18 de febrer de 2010

Economia quàntica



Artículo de Ramon Folch en el Periódico del día 8.2.9


Pasado newtoniano

RAMON FOLCH

"Las nuevas verdades raramente convencen a los viejos oponentes, pero se hacen evidentes a las nuevas generaciones". La reflexión es deMax Planck, el padre de la física cuántica. Los ortodoxos newtonianos de su época, un siglo atrás, no podían admitir las teorías de Planck,pero tampoco podían explicar, con sus superados instrumentos conceptuales, lo que Planck ponía antes sus ojos. Eran sabios cautivos de lo que ignoraban. Por eso Planck desistió de convencerlos. Sin rodeos, puso las bases teóricas que hicieron posibles los ordenadores y las naves espaciales.
La economía actual necesita Plancks. Ya en los años 30 del pasado siglo, el propio John Maynard Keynes sostenía que "todos los políticos son prisioneros de algún economista difunto". Pero en tanto que Planck pudo hacer frente común con Albert Einstein, Niels Bohry otros físicos modernos, la amortizada economía newtoniana, o sea, los conceptos acuñados por David Ricardo o Adam Smith en el siglo XVIII, sigue imperando. Es como si aún dependiéramos de la máquina de vapor.
El orden económico mundial se tambalea. ¿Por qué extraña razón hemos de continuar confiando precisamente en quienes nos han llevado al desastre? O, sin referirnos a personas concretas, ¿por qué vamos a creer que profundizando en el sistema causante de las disfunciones hallaremos la manera de superarlas? "Si estás en un agujero, no sigas cavando", sentencia un juicioso dicho popular americano.
Desde el fondo del pozo, sin soltar sus picos en tiempos de rayos láser, los gestores anticuados que perforaron en dirección equivocada nos invitan a salir del hoyo excavando todavía más. Necesitan, eso sí, que les cubramos las deudas. Faltos de alternativas, los gobiernos se avienen a ello para evitar males mayores.

Futuro cuántico

Crecer constantemente para cuadrar balances es una manera fraudulenta de ampliar capital para simular ganancias. Es unapiramidalidad encubierta. Como la de los ayuntamientos, que ingresaban dinero con las nuevas construcciones para cubrir los compromisos de gestión adquiridos anteriormente. O de los especuladores, que compraban caro en la confianza de vender carísimo a quienes esperaban revender más carísimo todavía.
Ello creó una facturación de bienes ficticios o de productos superfluos que no satisfacían otra necesidad que ir moviendo dinero. Ahora tenemos miles de casas consumidoras de suelo y de materiales destinadas al hogar de nadie, o montañas de residuos que en realidad son bienes a medio usar. Pero todo el mundo estaba contentísimo rodeados de tanto estropicio por la parte de pastel que les tocaba. Y los apologetas de tamaña babarie, diciendo que crecíamos mucho y bien... Ahora tenemos tres millones de parados y un territorio devastado. El crecimiento especulativo ficticio y el crecimiento real desmesurado nos han llevado a la recesión y a la desolación ambiental. Felicitaciones.
No teorizo lo que ignoro, simplemente dirijo la mirada suplicante a los teóricos de la economía. Como cualquiera con dos dedos de frente sé que los sistemas piramidales terminan mal. Lo estamos sufriendo. La economía del crecimiento como objetivo ha de acabarse. Mejor: ya se acabó. ¿Y ahora qué, amén de suicidarse Publica un missatgevolviendo a las andadas? Necesitamos una economía cuántica.